Sobre educación, PISA y los resultados de España (según comunidades)

En España no nos gusta la educación que tenemos. Es curioso que, a pesar de este hecho que parece ser una opinión unánime, la educación que tenemos es bastante decente, a pesar del poco dinero que invertimos en ella, que además es menor cada año. Atendiendo a los resultados de las últimas pruebas de PISA, en 2015, estamos ligeramente por encima de la media de los países de la OCDE en comprensión lectora, al mismo nivel en ciencias y algo por debajo en matemáticas. Si, además, uno se fija en el desglose por comunidades autónomas, los datos son bastante esclarecedores. Comunidades como Castilla León alcanzan en algunas áreas, como lectura, puntuaciones casi tan altas como países tan admirados por su sistema educativo como Finlandia y obtienen de media, un resultado que les otorgaría el puesto 10 en dicho informe. Otras, con economías más débiles e índices de paro mucho más altos, como Andalucía, muestran resultados muy por debajo de la media de los países de la OCDE. Es curioso que, al contrario que lo que ocurre con nuestros lejanos vecinos finlandeses, nadie pretenda ni intente vendernos las virtudes del sistema educativo castellano leonense, o del madrileño, o del Navarro, que también obtienen resultados buenos tirando a muy buenos. Curiosamente, el sistema educativo de los navarros es muy parecido al de los andaluces y, de buscar una causa que explique la debacle andaluza, tendríamos que irnos al análisis de otro tipo de causas que expliquen el alto índice de abandono y fracaso escolar y las bajas puntuaciones de los escolares en este tipo de pruebas. Un análisis que apuntaría, seguramente, a lo mismo que ha demostrado la ciencia una y otra vez, que es que los resultados académicos y el desempeño curricular está más ligado al nivel socioeconómico de las familias y a las expectativas de estas en relación a la utilidad de la educación, que al método utilizado. El problema es que lo primero no vende libros ni llena conferencias y, lo segundo, sí, y muchos.

En España seguimos mirando al norte de Europa para copiar métodos que no están funcionando mejor que otros, pero que nos llaman la atención a pesar de que, como acabo de mentar, no proporcionen mejores resultados que otros. Allí se están planteando dejar de hacer exámenes, dejar los libros, aprender a leer con tablets, quitar aulas y aprender en espacios diáfanos, relegar al profesor al papel de acompañante del proceso educativo… Cosas que suenan muy innovadoras y que nos parecen la repera, pero que, desde que empezaron a instaurarse, han ido bajando los resultados en las competencias que miden las pruebas de PISA.

pisa

Es curioso que sigamos mirando a Finlandia, pero no le hagamos ni puñetero caso a China, Singapur o Japón, países que superan al anterior y cuyos sistemas educativos no tienen nada que ver pues, mientras que en Finlandia se busca ante todo la equidad y la cooperación entre iguales, en los países asiáticos se premia el esfuerzo y se fomenta la competitividad y la selección del alumnado según sus capacidades. Si atendemos a los resultados, el enfoque exigente de Asia, que va en ascenso en cuanto a resultados, es superior al vehemente de Finlandia, que va en descenso.

Pero aquí seguimos mirando al norte, y la razón, a mi entender, es bien sencilla. Mientras que en Finlandia ponen al docente y al método de aprendizaje en el punto de mira, en los países asiáticos siguen señalando a los alumnos y a los padres como responsables de los aprendizajes y los logros de los estudiantes. Y en España no hay nada que nos guste más que encontrar culpables ajenos en vez de buscar responsabilidades propias cuando, mirando de nuevo los resultados, tenemos ante nuestros ojos las claves que explican que, con un mismo sistema educativo, dependiendo del lugar de residencia, los resultados son de lo más dispares.

En cuestiones educativas estamos intentando descubrir la rueda cada dos por tres. Es curioso que, si uno quiere aprender a pintar, a cocinar, a nadar o a practicar artes marciales, busca, ante todo, a un maestro que domine lo que está enseñando, para que le explique como se hace aquello que se desea aprender. Se escucha, se atiende y se reproduce lo que nos enseña la persona que sabe, el maestro. En educación vamos en sentido contrario, el maestro tiene que guiar, pero es el alumno el que debe construir su aprendizaje, lo cual no tiene ningún sentido, pues en la vida real, cuando alguien sabe hacer algo y su dominio de esa materia es elevado, lo que le pedimos es que no muestre cómo se hace, no que nos mire a ver si, por azar, en algún momento llegamos a hacerlo bien, cosa que tiene sentido cuando ya dominas lo básico, pero no cuando estás empezando a aprender. Pues a eso se dirigen las nuevas pedagogías que vienen desde el norte, a que el maestro en el aula sea un acompañante y que los alumnos sean quienes se dirijan al conocimiento por sí mismos. Pedagogías que van en la dirección contraria que llevan países cuyos sistemas educativos han superado a aquellos que eran modelos y que, cada día, lo van siendo menos y van quedando más atrás.

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Un comentario en “Sobre educación, PISA y los resultados de España (según comunidades)

  1. Castellano-leonense no existe, castellano-leonés es más correcto.

    Es cierto que la moda, casi manía por Finlandia es algo que ya cansa. Pero eso no justifica que se vuelva a la enseñanza en la que el docente es el centro de todo.
    Ya en el siglo XIX el movimiento de la Escuela Nueva dejó atrás esa metodología, que era más propia de las escuelas de escribas de la antigua Mesopotamia.
    Deberíamos buscar el sentido común y el punto intermedio, es decir, ni una enseñanza autoritaria, competitiva y segregadora, ni una enseñanza happy flower donde determinados padres y madres se inmiscuyen, en ocasiones, con resultados negativos.
    Otro ejemplo es el debate artificial creao en torno a los “deberes”, que sirve de cortina de humo para ocultar el problema de la precariedad laboral, las largas jornandas de trabajo (incluyendo numerosos festivos y fines de semana), además de las políticas públicas que se están aplicando en contra del aumento de la natalidad en un país tan envejecido como el nuestro.

    Yo creo que deberíamos fijarnos en la enseñanza que se intentó desarrollar con la II República española, que es el modelo que se vio interrumpido salvajemente por los fascistas. Pero el problema es que a día de hoy el contexto no es nada propicio.

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