¿Por qué mandamos a los niños tan pronto al colegio?

Reconozco que el interés que me lleva a escribir esta entrada es la reciente matriculación de mi hijo, que cumplirá tres años pronto, en el segundo ciclo de educación infantil. Hasta ahora se había quedado en casa y no nos había preocupado el hecho de que no fuera a una escuela infantil pues, por un lado, por una cuestión de horarios, no teníamos la necesidad de llevarle y, por otro, toda la bibliografía científica que ha ido cayendo en mis manos en relación a este asunto es bien clara, empezar cuanto antes el colegio no es mejor y nuestra experiencia con la socialización de nuestro hijo ha sido muy positiva, a pesar, o gracias, más bien, de no haber pisado nunca una guardería, ya que es un niño muy tranquilo que interacciona con total normalidad y mucha curiosidad con todo tipo de críos, ya sean mayores y pequeños (y adultos).  Así que experiencia y evidencia científica han ido de la mano: lo que un niño necesita antes de los tres años, en mi opinión, es estar con papá y mamá, cosa harto difícil estos días o, en su defecto, con algún familiar, pues las necesidades afectivas están por delante de cualquier otra y son las que luego determinan una personalidad equilibrada.

Sí, ya sé cuál es el argumento o respuesta preferida de los que llevan a sus hijos a escuelas infantiles antes de los 3 años. Bueno, hay varios. El primero es el de la socialización. La manera de socializar que tiene un niño es que le dejen sólo con otros 25, sin las figuras de apego, que es algo que nos hemos inventado hace unos 25 años, no creo que muchos más. Es decir, durante miles de años, parece que el ser humano no se ha socializado correctamente, porque no han existido guarderías hasta hace muy pocos años o, mejor dicho, no se ha generalizado su uso. La socialización entre iguales es un proceso que no se da, o no aparece, hasta pasados los 2 años como mínimo (a los 3, en realidad), hasta esa edad, lo máximo que van a socializar es jugando cada uno a lo suyo pero uno al lado del otro (juego en paralelo) y sin hacerse mucho caso, la mayoría de niños. Las pequeñas interacciones se darán en forma de quitar un juguete e intentar recuperarlo, cosa que suele acabar en peleas y llantos, no en amistad para siempre. El otro argumento es que en la escuela infantil aprenden muchas cosas. Mi hijo, con 2 años y medio, sabe todos los colores, cuenta hasta el 20, canta canciones en inglés y español, se lava los dientes, se lava las manos, come solo desde hace ni me acuerdo… Lo que aprenden en el cole, no lo aprenden solo en el cole y, con un mínimo de interés, en casa lo aprenden igual. Si no van a la guardería, lo que dejan de aprender es ínfimo y, sobre todo, rápidamente recuperable. Ahora, lo que pierden, tiempo para jugar libremente hasta que no puedan más, sin horarios, sin reglas y sin obligaciones, es irrecuperable e insustituible.

 

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Como la mayoría de estudios y teorías educativas apuntan, el agente socializador más importante es la familia. Es en ella donde los críos aprenden las normas, los valores y las reglas que les permitirán convivir con otros iguales y no iguales, porque olvidamos que en la socialización no solo convivimos con nuestros iguales, sino con personas mayores y menores. Pretender que un niño socialice a edades tan cortas, con recursos muy limitados, sin una autonomía real, sin una madurez psicológica y separado de sus vínculos afectivos, supone generarle un estrés para el que no está preparado y en una situación totalmente artificial en la que lo que se va a poner en marcha es su instinto de supervivencia, antes que el de socialización. Sí, en las guarderías se socializa, a pesar de que no es el mejor sitio para ello. Y no sólo porque lo diga yo, así lo afirman los pediatras: http://www.lavanguardia.com/vida/20151110/54438745495/pediatras-ninos-guarderia-dos-anos.html y así lo afirma la evidencia científica: http://www.cam.ac.uk/research/discussion/school-starting-age-the-evidence. Hay otros estudios que hablan de las destrezas académicas que desarrollan los niños que van a una guardería respecto de los que no. Es cierto que, un niño que no ha pisado una escuela infantil, a los 6 años llega con menos habilidades académicas al cole que otro escolarizado desde los tres, pero también es cierto que los niños que no han pisado la escuela infantil, aprenden mucho más deprisa y alcanzan el nivel de los que sí en menos de un año escolar o dos y, además, las actitudes ante el hecho educativo son más positivas y su disposición a aprender así como comportamiento en el aula mejores, reduciéndose además el estrés y los problemas de aprendizaje.

Si nos fijamos en los países que mejores resultados obtienen en PISA, suelen compartir la mayoría un dato: no escolarizan tempranamente a los menores. En Finlandia no empiezan primaria hasta los 7 años y es a esa edad cuando les enseñan a leer y escribir. Antes, el 50% de los niños no ha pisado jamás una escuela infantil. En Canadá no empiezan a ir al “cole” hasta los 5 años. En Estonia se suele empezar a los 7 años y se puede posponer hasta los 8. En Corea del Sur la escuela empieza como en Finlandia, a los siete años. En Singapur empiezan a los 4 años preescolar y a los seis primaria. En Dinamarca empiezan a los siete y además sostienen que empezar más tarde reduce la hiperactividad y el déficit de atención: “The results based on this “fuzzy” regression-discontinuity design indicate that delays in
school starting age imply substantial improvements in mental health (e.g., reducing the
overall “difficulties” score by at least 0.5 SD). The evidence for these effects is robust and,
critically, persists in the latest wave of the DNBC when the children were aged 11.” https://cepa.stanford.edu/sites/default/files/WP15-08.pdf. También hay países como Nueva Zelanda, que empiezan a los 5 años. Recientemente en este país se hizo un estudio para comparar alumnos que empezaban a los 5 y alumnos que no lo hacían hasta los 7, con unas conlusiones que apuntan en la línea de las últimas evidencias. A los 11 años, no había distinción entre unos y otros alumnos en cuanto a competencias, pero no solo eso, los que habían empezado el “cole” a los 7 años, mostraban menor estrés, más interés por aprender, menos dificultades de aprendizaje y mejor comprensión lectora. Curioso. Otro estudio en esta línea apunta: decline in play has contributed to the rise in the psychopathology of young people (estudio).

Es decir, los estudios recientes demuestran que empezar más tarde no hace que los críos aprendan menos o peor, sino lo mismo y que, además, se reducen los malos comportamientos y los problemas de aprendizaje como la hiperactividad y el déficit de atención, e incluso ciertas enfermedades mentales. El motivo: hay que dejar que un niño alcance el nivel madurativo adecuado que le permite estar preparado para recibir una educación formal. Hasta que llega ese momento, lo mejor es dejar que juegue libremente y esté con los seres queridos, sin unos horarios de persona adulta (me parece demencial dejar a un niño de 3 años 8 horas en el cole y más) y sin estar sometido al estrés de no poder estar junto a las personas que les ofrecen seguridad y cariño, que son los familiares, y obligados a llevar un ritmo de vida que ya es malo para nosotros y, para ellos, es, en mi opinión, tremendamente perjudicial.

Por supuesto, acepto y sé que muchos niños van de buena gana a la escuela infantil y me parece encomiable la labor de este profesorado, pero entiendo que esta no debería estar enfocada a ser una preparación para la primaria, como sucede últimamente, ni ocupar tantas horas de la vida de un niño, que debería dedicarse a jugar y poco más, pues está en unos años que son vitales para su desarrollo psicoafectivo, que jamás volverán. Llevar o no a un niño a la escuela infantil debería ser una opción personal y libre, que tampoco lo es, pues más del 90% de los niños españoles ya están escolarizados a los tres años y, de hacerlo más tarde, la posiblidad de que queden plazas en el cole que quieres tiende a cero y, adultos y menos adultos, te miran hasta mal. El hecho es que, aunque infantil sea una etapa voluntaria, acaba siendo vista como una etapa obligatoria, si quieres que tu hijo no recibe un aluvión de críticas, aunque la evidencia científica más reciente ponga en entredicho todas sus “bondades”.

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