En la escuela las pseudociencias campan a sus anchas. Prácticas educativas cuyo uso está denostado por la ciencia.

Llevo tiempo dando vueltas a esta entrada porque no quiero dejar de tocar ningún aspecto y quien mucho abarca poco aprieta, pero tampoco pasarme con los datos, así que me voy a conformar con dar alguna pincelada y referencia, para que cada cual, si realmente le interesa la cuestión, indague por su tema y llegue a sus propias conclusiones, tirando del hilo de los enlaces que utilice para fundamentar este artículo. Sin más preámbulos, al turrón.

En la escuela está de moda innovar. Qué es innovar. En principio, parece ser que hacer algo nuevo que mejore lo que hacías antes. Lo nuevo no es mejor. Lo viejo tampoco es peor (esto lo ampliaré ahora a continuación). Hay cosas nuevas que son buenas y cosas viejas que lo siguen siendo, al igual que hay cosas que se hacen desde hace cierto tiempo que no están bien y nuevas metodologías que no funcionan. No obstante lo anterior, alguien lleva un tiempo lanzando el mensaje de que hacer las cosas como antes es malo y hacerlas de otra manera es bueno, aunque la evidencia científica diga todo lo contrario y establezca que hacer las cosas como siempre suele ser lo mejor y que, seguramente por eso, se hacen así porque funcionan, no por comodidad o pereza, como así pregonan los que publicitan todo lo novedoso.

Lo más alucinante para mí de la cuestión no es que ciertas entidades e incluso empresas pretendan vender lo nuevo (porque al final la innovación no deja de esconder que el fondo del asunto es vender, vender tecnología, conferencias, charlas, cursos, etc.), lo terrible es que, desde la universidad, se enseñen ciertas teorías y metodologías cuya evidencia científica las ubica por detrás de las que se conocen desde hace décadas, si no siglos.

Hattie-Teaching

Una a una, voy a ir repasando metodologías y teorías que se usan en la escuela o se enseñan en las universidades, que tienen una base científica que denosta su uso o que las invalidan como sustento de cualquier práctica educativa.

El constructivismo. El constructivismo viene a ser una teoría muy romántica que predica que los críos construyen su propio aprendizaje, de ahí su nombre. De esta teoría surgen movimientos y metodologías que predican que el niño tiene que ser protagonista de su aprendizaje, ser parte activa, participar en la selección de contenidos… Cosas que suenan muy bien, pero no dejan de ser eslóganes tras los cuales se esconde una teoría fallida. Primero, siempre que alguien aprende es imposible que lo haga siendo pasivo, utilice la metodología que utilice. Hasta para escuchar hay que ser activo para tratar de entender lo que te dicen, prestando atención. Que un zagal protagonice su aprendizaje también es de perogrullo, si lo haces tú, el protagonista no es Andrés Pajares. Lo de la selección de contenidos por parte de los alumnos, que ahora está muy de moda mediante la elaboración de proyectos (ABP) y después mencionaré, no solamente es algo buenista y absurdo, sino que no funciona, o funciona mucho peor que otras metodologías. Cuando en la escuela se enseña lo que se enseña y se hace en un orden determinado, no es porque sí, sino porque está muy estudiado y constatado. Un niño tiene que saber leer, escribir, hacerlo correctamente, realizar operaciones matemáticas básicas y poseer unos fundamentos científicos y culturales mínimos, no aprender lo que quiera, cuando quiera o como quiera, cosa esta muy romántica, pero poco efectiva. Como digo, como eslogan queda bien, como práctica educativa hace aguas por los cuatro costados y está científicamente demostrado. El investigador John Hattie así lo constata en su revisión de más de 800 metaanálisis en un trabajo que muchos llaman la biblia de la educación. En él se considera demostrado que el aprendizaje por descubrimiento tan predicado por el constructivismo es mucho peor que la instrucción directa contra la que cargan muchos gurús de la innovación. Esto tampoco significa que no haya que dejar que busquen, pregunten, hagan trabajos recopilando información… Pero esa no puede ser la base de su aprendizaje, sino la parte final y no puede usarse sin discriminar en etapas como las de primaria o secundaria y sin estar correctamente planificado después de todo un proceso y como síntesis o parte final del mismo.

La teoría de las inteligencias múltiples. Lo de esta teoría es alucinante. Totalmente denostada por la ciencia, jamás demostrada, nunca desarrolladas las herramientas que deberían medir estas inteligencias y, a pesar de todo ello, con un seguimiento apabullante, enseñada en universidades y másteres, aplicada en las aulas y con un autor al que incluso han premiado por teorizar algo que es totalmente falso. El cerebro humano no tiene múltiples inteligencias. La ciencia ya ha demostrado que todo el cerebro trabaja al unísono cuando se realiza una actividad, por sencilla que sea y no por parcelas o regiones, como postula desde años el señor Gardner, aunque en algunas tareas una regiones puedan predominar ligeramente sobre otras. Toda evidencia científica apunta a la existencia de un factor g, que además es algo totalmente opuesto y que descarta la existencia de inteligencias múltiples. Para más INRI, en una entrevista este “señor” confesó que llamó a su teoría de “inteligencias múltiples” porque si hubiera hablado de talentos nadie le habría hecho caso. Sobre el factor g: “A pesar de que su existencia ha sido cuestionada por diversos autores, las evidencias empíricas más recientes constatan que esta es sólida, hasta el punto de ser uno de los constructos más aceptados por los investigadores”.

Los estilos de aprendizaje. Otra teoría no demostrada y sin evidencias científicas detrás que se está poniendo de moda. Según esta, hay varios estilos de aprendizaje y, según el cual al que seas más afín, deberías aprender de esa forma. Pero es mentira. Para explicarlo voy a citar a alguien que lo ha explicado mucho mejor que yo: “Las preferencias de estudio no son estilos de aprendizaje. La mayoría de los llamados estilos de aprendizaje están basados en clasificar a las personas en grupos. Sin embargo, los estudios objetivos pocas veces tienen en cuenta que una persona se puede asociar a distintos grupos. Finalmente, casi todos los estudios que presentan pruebas sobre estilos de aprendizaje, no satisfacen los criterios elementales de validez científica. Basado en la evidencia científica, este artículo pide a profesores, administradores e investigadores, que dejen de propagar el mito de los estilos de aprendizaje“. Es decir, es otra teoría sin demostrar y, lo que se ha demostrado, es justo lo contrario. Otro cita de otro artículo que desmonta esta falacia de los estilos de aprendizaje: “El Centro de Neurociencia Educacional del University College de London concluía al tratar sobre los estilos de aprendizaje: «la base en este momento es que, por mucho que la idea sea plausible intuitivamente, no hay buenas evidencias que validen el medir o basarse en los estilos de aprendizaje en los colegios. ¿El veredicto? Es un mito». Por no hablar de la imposibilidad de aplicar esta teoría, si fuera cierta, que no lo es, en el aula, pues se necesitaría un profesor de cada especialidad cada dos o tres personas, aproximadamente. Una locura, que además es mentira, pues no aprenderían mejor, como así demuestran los estudios realizados.

El aprendizaje por proyectos. Metodología súper de moda ahora, que emerge de estas teorías que acabo de citar. Se resume en que los niños eligen entre todos un tema que les guste y ellos buscan, investigan, desarrollan y presentan los contenidos, siendo el profesor un mero supervisor que no enseña nada, sino que ayuda. Esta metodología tampoco está evidenciada científicamente. Tampoco está denostada, pero se basa en varios conceptos que sí que lo están. El ABP (aprendizaje basado en proyectos) está basado en la teoría constructivista (los niños construyen sus aprendizajes) y en la metodología del aprendizaje guiado, que es dejar que ellos hagan y nosotros, los docentes, estamos ahí para resolver dudas. El aprendizaje guiado o por descubrimiento también está muy estudiado y, aunque la metodología ABP se presenta como innovadora, es más viejo que el parchís. La evidencia ha demostrado que la tan criticada instrucción directa (el profesor explica, pone ejemplos y el alumnos resuelve y pregunta dudas) es mucho más eficaz que el aprendizaje guiado. Pero no solo eso, también es mucho mejor a la hora de abordar la enseñanza de los alumnos que presentan dificultades de aprendizaje. Eso que llaman enseñanza tradicional para intentar dejarla en mal lugar, la instrucción directa, funciona mucho mejor que la enseñanza guiada, que es el núcleo de eso que ahora llaman ABP y que parece ser la panacea, cuando no deja de ser algo ya inventado, probado y descartado por poco efectivo. Las conclusiones de Hattie son las mismas, el aprendizaje guiado, los proyectos, el constructivismo… Ofrecen resultados peores que la instrucción directa, que es lo que se ha hecho siempre: presentar los contenidos de manera clara y concisa, poner ejemplos y pedir que los alumnos los resuelvan. Repetir y repetir y repetir. No hay más secretos.

Por último me dejo al aprendizaje cooperativo. Lo dejo para el final porque esta no es una mala metodología. En mi opinión, lo que es malo es pretender que todo el mundo trabaje siempre de forma cooperativa, sin tener en cuenta el tipo de actividad, el tipo de clase, el número de alumnos. Hattie y Marzano, dos eminencias de la educación basada en evidencias coinciden conmigo: “Hattie remarca cómo los alumnos necesitan que les enseñes datos y habilidades sobre un tema en concreto, para que puedan hacer buenas aportaciones al trabajo de su equipo. Si los alumnos no han adquirido suficientes conocimientos sobre un material, no pueden participar activamente en tareas cooperativas. Marzano añade que si los alumnos tienes que llegar a dominar una materia, deben tener oportunidad de practicarlo de forma individual y recibir feed-back. Finalmente, Marzano y Hattie están de acuerdo en que el aprendizaje cooperativo es solo efectivo cuando está cuidadosamente estructurado, se realiza en pequeños grupos (no más de 4), y se enseña de forma explícita a trabajar en equipo”.

A pesar de todo esto, es decir, a pesar de que hay una investigación científica que determina qué prácticas educativas funcionan mejor y cuáles lo hacen con peores resultados, algunos se empeñan en predicar teorías no demostradas e inviables en el aula por la ingente cantidad de recursos que necesitan para ser llevadas a cabo, en vez de actuar con la evidencia científica debajo del brazo. Supongo que proclamar que la base de una enseñanza exitosa es un profesor que sepa lo que dice y lo explique bien, unos alumnos que escuchen para entender y trabajen comportándose con educación y unas familias implicadas en la educación de sus hijos que refuercen la figura de sus educadores, no vende porque es lo que se ha sabido siempre. Ir contra todo esto y publicitar que se ha encontrado la piedra filosofal de la enseñanza que explica por qué los alumnos fracasan, imagino que sí que vende, aunque lo que diga sea mentira. La cantidad de gente que compra homeopatía aunque está más que demostrado que cura por efecto placebo y no hace nada más. Pues en educación, lo mismo. Se levantan falsos monstruos: la instrucción directa, la clase magistral (que están científicamente corroboradas), para poder ofrecer soluciones ante la desidia de los alumnos, que consiguen que aprendan, se lo pasen pipa y se vayan a casa sin deberes. El esfuerzo, la atención, la paciencia, la capacidad de escuchar, la tolerancia a la frustración y la perseverancia, claves en nuestro progreso como seres humanos, son el diablo en estos tiempos que corren.

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4 comentarios en “En la escuela las pseudociencias campan a sus anchas. Prácticas educativas cuyo uso está denostado por la ciencia.

  1. Enhorabuena por tu blog. Me alegra ver que cada vez somos más los profesores que intentamos seguir la senda de la educación basada en evidencias y pensamos críticamente contra la nueva oleada de modas pedagógicas sin sustento. Gracias por enlazar también a mi blog. Nos leemos. ¡Un saludo de interino a interino!

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